El SPAM representa en algunos casos el 80% de los mails recibidos
05/04/2007, El Experto Digital/Juan Antonio Minguillón
La comunicación por medio del correo electrónico se ha convertido en una práctica usual y en muchos casos necesaria dada la sociedad en la que vivimos. Esto es debido a que es un medio fácil y rápido, no hay que desplazarse hasta el buzón de correos más cercano y no necesita sello. Al alcance de todos está el tener nuestra propia cuenta de correo gratis, pero ¿realmente hacemos un uso adecuado de la misma?.
Todo lo que está al alcance de nuestra mano, tiene sus inconvenientes y sus peligros y, como siempre, hay gente que sabe aprovecharse de esta situación. Nos encontramos con los spammers que se dedican a recopilar cuentas de correos para comercializar con ellas. Me refiero al spam o correo basura. ¿Quién no recibe a diario correos de los que desconocemos el remitente y nos ofrecen el oro y el moro? ¿Cómo saben nuestra dirección? ¿Por qué los recibo si no los he solicitado?.
Fuera de internet también recibimos correo basura. Abrimos el buzón que tenemos en la puerta de casa y vemos que no cabe ni un alfiler. Todo está lleno de propaganda, de cartas de empresas que nos ofrecen productos que ni conocíamos, de ofertas limitadas y, además, lo más gracioso de todo es que nos dicen que somos sus clientes de confianza. ¿Cómo puede ser esto si nunca mantuvimos con ellos ninguna relación comercial?
Lo mismo ocurre en internet pero a gran escala. Nos llegan correos de desconocidos y con contenido que nada tiene que ver con nosotros. Los borramos y al día siguiente vuelven a venir. Varios estudios y estadísticas indican que el porcentaje de correo basura podría estar entre el 60 y 80% de los mails que recibimos. Esto nos puede suponer un grave perjuicio ya que nuestra cuota de disco es limitada y en muchos casos da lugar a que ese correo importante que estamos esperando no nos llegue porque no tiene sitio para descargarse.
Hay muchas técnicas con las que los spammers recopilan direcciones. Una de ellas es la de enviar un e-mail a alguien diciéndole tal cosa y que no rompa la cadena, que lo envíe a todos sus contactos y a la persona que se lo envió. En cuestión de días e incluso horas le llegará a quién lo envió por primera vez un correo con cientos o miles de direcciones de correo con las que poder comercializar. Éstas se venden a empresas sin escrúpulos que son las que nos bombardean a diario con sus ofertas. Otra forma es recopilar direcciones de personas que están suscritas a listas de noticias, foros, etc, etc. Su imaginación es inagotable y son capaces de innovar lo imposible para seguir con su negocio de recopilación de cuentas.
¿Cómo podríamos actuar ante esta lacra? Difícil solución, pero si podemos ponérselo más difícil. Cuando contestamos a unos de estos mensajes no solicitados estamos confirmando que nuestra dirección existe y que está operativa. Por lo tanto, nunca debemos contestar. También podemos configurar nuestro correo con filtros y reglas para no recibir de este remitente más correos, pero tengamos en cuenta que ellos utilizan muchas direcciones distintas.
Tampoco dejemos nuestra dirección de mail en formularios o foros de internet, seriamos una presa fácil para ellos. Otra solución muy al alcance de nuestra mano consiste en que cuando enviemos o reenviemos algún correo no vaya dirigido a varias personas, sino solo a una. Si queremos enviarlo a varias, tenemos la opción de poner las demás direcciones en el campo “copia oculta”. De esta manera les llegará a todos y nadie sabrá las direcciones de los demás.
En este sentido se puede mencionar la noticia publicada en un diario digital en el que se sancionaba con una multa de 601,1 euros a una persona por enviar un e-mail y dejar a la vista 42 direcciones de correo. Uno de estos destinatarios “sintió que se violó su intimidad al exponer su dirección y no utilizar la opción de copia oculta...”. Ésta persona presentó una denuncia a la Agencia Española de Protección de Datos y se inició el proceso. Y es que sin nuestro consentimiento nadie puede utilizar nuestra dirección para ningún tipo de comunicación.
Deberíamos ir cambiando nuestra mentalidad y no caer en la monotonía de preguntarnos siempre cuándo se van a cansar de mandarnos este tipo de correo porque ellos nunca se van a cansar, saben que de los millones de correos que mandan alguien caerá en la trampa.
Muchos servidores de correo electrónico han tenido que adecuar sus infraestructuras para hacer frente a tan abusivo tráfico en la red con el consiguiente gasto que esto conlleva. Otras personas, hartas ya de tanto correo absurdo han optado por cancelar sus cuentas y abrirse otras, aún sabiendo que dentro de poco volverán a convertirse en un blanco perfecto.
Supongo que la Administración intenta de alguna manera acabar con esta pesadilla, pero la batalla es dura porque es muy difícil de controlar. Tal vez si se actuara con mano dura hacia estas empresas y sus colaboradores lo mismo se lo pensaban dos veces antes de seguir.
Internet es un mundo abierto y no tiene puertas pero debemos preservar nuestra pequeña parcela de inmensa intimidad que tenemos en él. Puede que sea una utopía pero en nuestras manos está ese granito de arena que puede llegar a formar una gran montaña si la Administración pone de su parte y nosotros de la nuestra.
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